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domingo, 27 de noviembre de 2011

Una bici barata

Hablamos de 1993 más o menos, Erasmus en Noruega. Tras instalarme, a las pocas semanas, me planto en una subasta de bicis robadas de la policía y, con mi incipiente pero aún precario noruego, pujo y me agencio una bici por unas pocas coronas.


Llego a la residencia y con otra bici que lleva un par de años abandonada, hago un remix:
Doble freno, de plato y disco, y aprovecho los componentes menos deteriorados de cada una y monto una bici apañadita.



El segundo año me traslado desde la residencia de la universidad a la planta baja de un chalet a 20 minutos de la universidad en bicicleta. Estos son los paisajes que me rodeaban, la segunda foto es lo que veía desde la ventana de mi habitación. Cada día, era mágico asomarse a ver el paisaje pues cada día era diferente en luz y colores.




Que tiempos aquellos !!

sábado, 26 de noviembre de 2011

BTT en las islas Lofoten




ostitu, no viene a cuento de nada, pero me acabo de acordar de una salida muy chula en solitario, así que os la voy a contar: estaba estudiando erasmus en noruega y me fuí al norte, a las islas lofoten y me dejaron una btt, me subí a un barco




 y me fuí a la punta de las islas lofoten y desde allí, en 3 jornadas de vivaqueo me fuí hasta bodo a 180 km. Era Semana Santa y estaba todo nevado. A mi izquierda tenía montañas de casi 1.000 m y a mi derecha el mar.



Recuerdo los secaderos de bacalao:
 
Recuerdo un puerto con una pendiente del 7%, y la bici cargada a tope y cuesta abajo y el viento me mantenía inmóvil sin dejarme bajar.





O una parada en un anidadero de gaviotas, fue impresionante pasear entre miles de gaviotas que levantaban el vuelo y se posaban,




O un aguilucho que me acompaño varios km suspendido en el aire delante mío.

Una noche llovía bastante y me busqué medio autobús lleno de herramientas para pasar la noche:




Mis amigos de bodo me reservaron una noche en una cabaña de pescadores, rehabilitada como hotel de lujo, aquello fue muy reparador.





Ya en Bodo me calzaron un trineo lleno de provisiones y me fui con ellos a hacer esquí de fondo en la frontera entre noruega y suecia. En jornadas de todo un día, te cruzabas con una o dos personas o ninguna, y cada vez que subiamos un collado, parábamos a comer una naranja como marca la tradición.

Pocas veces he sentido la naturaleza tan intensamente.







Un atardacer mágico